El 17 de agosto de 1926, un decreto creó en el corazón de la Región de Los Lagos el primer parque nacional de Chile: el Vicente Pérez Rosales. Cien años después, sigue siendo el más antiguo del país —y el segundo más antiguo de Sudamérica—, uno de los más visitados y una pieza central de la identidad y la economía del sur. Esta es su historia.
El primer parque nacional del país
El parque nació por el Decreto Supremo N° 552 del Ministerio de Tierras y Colonización, el 17 de agosto de 1926. Su origen se entrelaza con la apertura de la ruta cordillerana hacia Argentina —hoy el Paso Pérez Rosales, abierto por el pionero Carlos Wiederhold—, con la visita del expresidente estadounidense Theodore Roosevelt a la zona en 1913 y con la iniciativa del empresario Ricardo Roth de crear un área natural protegida. Desde el primer día, el decreto unió dos ideas que hoy suenan modernas: conservar las “bellezas naturales” y, a la vez, darlas a conocer para atraer viajeros. Conservación y desarrollo, juntos, hace un siglo.
Quién fue Vicente Pérez Rosales
El parque lleva el nombre de Vicente Pérez Rosales (1807–1886), una de las figuras fundacionales del sur. Comerciante, explorador, diplomático y escritor, en 1850 fue nombrado agente de colonización de Valdivia y Llanquihue y encabezó la Colonización de Llanquihue: el proceso que trajo a la inmigración alemana —decenas de miles de colonos— a las orillas del lago Llanquihue y dio forma a la cultura que hoy distingue a comunas como Puerto Varas, Frutillar o Puerto Octay. Que el primer parque del país lleve su nombre no es casual: habla del vínculo entre esta naturaleza y la identidad de su gente.
Qué se protege
Son 253.780 hectáreas en la provincia de Llanquihue, con alturas que van desde los 50 hasta los 3.491 metros. En su interior conviven tres volcanes nevados —el Osorno (2.652 m), el Puntiagudo y el cerro Tronador— alrededor del lago Todos los Santos, de aguas verde esmeralda, explorado por misioneros jesuitas de Chiloé que buscaban una ruta hacia la pampa. A ellos se suman los Saltos del Petrohué, la selva valdiviana siempreverde de coigües, ulmos y arrayanes, y la travesía del Cruce Andino hacia Bariloche. El parque integra, además, la Reserva de la Biosfera de la UNESCO “Bosques Templados Lluviosos de los Andes Australes”.
Un siglo después, el primer parque nacional de Chile sigue siendo uno de los que más visitantes recibe: aquí, conservar también fue desarrollar.
Los nombres del parque
Buena parte de estos lugares guarda su historia en el nombre. Según Toponimia, el libro del senador Carlos Ignacio Kuschel que recoge cuatro décadas de testimonio oral en el territorio —contrastado aquí con otras fuentes—, los topónimos del parque hablan del paisaje que los vio nacer:
- Petrohué significa “lugar de petros”: los pequeños insectos de agua que abundan en la zona —los jejenes— y que en el sur se conocen justamente como petros, de modo que el nombre lleva al insecto en su propia raíz. Una segunda lectura lo traduce como “lugar de humo o de neblina”, imagen que suele atribuirse al vapor de agua que levantan los propios Saltos del Petrohué y a las nubes bajas de sus orillas en la mañana.
- Peulla significa “los brotes nuevos de la primavera”: el nombre evoca el reverdecer del bosque después del invierno.
- El lago Todos los Santos recibió su nombre de los misioneros que lo recorrieron en el siglo XVII; su nombre indígena anterior, según el libro, era Pichimallín, “laguna pequeña”. Más tarde, por el intenso verde de sus aguas, se lo conoció también como “lago Esmeralda”.
- El cerro Tronador hace honor a su nombre: se llama así por el estruendo, parecido a un trueno, de los bloques de hielo que se desprenden de sus glaciares. En mapudungun, la misma idea vive en la raíz talcán, “tronar”.
Es el mismo ejercicio que hicimos con Melipulli, el nombre antiguo de Puerto Montt: detrás de cada nombre del sur hay una historia que vale la pena recordar.
Un siglo de aporte al desarrollo de Los Lagos
El Vicente Pérez Rosales es, año tras año, el área silvestre protegida más visitada de Chile: recibe más de 600.000 visitantes al año —llegó a 638.000 en 2019, antes de la pandemia— y encabeza temporada tras temporada las estadísticas de CONAF. Pero su aporte no se mide solo en cifras de ingreso: el parque es un verdadero ecosistema de actividades que dan trabajo y vida al territorio durante todo el año.
En las faldas del volcán funciona el Centro de Esquí Volcán Osorno, que cada invierno —desde junio— abre sus doce canchas y sus servicios de montaña a esquiadores y visitantes, con escuela de esquí y snowboard, arriendo de equipos y actividades en la nieve. A pasos de las pistas, el Refugio Teski ofrece alojamiento, restaurante y tinajas calientes, y sirve de base para las expediciones guiadas a la cumbre del Osorno, una de las ascensiones más buscadas del sur: se sube antes del amanecer sobre nieve y hielo en una jornada de más de ocho horas.
El parque también es escenario de eventos que se repiten año a año: el Vulcano Ultra Trail, una de las carreras de montaña más convocantes de Chile —con recorridos de 9 a 103 kilómetros por las laderas del Osorno y las orillas del lago—, y encuentros de mountainbike que aprovechan sus caminos, entre otros. Sobre el lago Todos los Santos, la navegación en catamarán une Petrohué con la villa Peulla —una ecoaldea centenaria de un centenar de habitantes, enclavada en plena cordillera y que genera su propia energía— como parte del histórico Cruce Andino que llega hasta Bariloche. En Peulla y su entorno se ofrecen canopy, cabalgatas, pesca, paseos en jetboat, safaris en vehículos 4×4 y senderismo.
El acceso turístico más visitado son los Saltos del Petrohué, administrados por CONAF, con guardaparques, senderos habilitados, servicios y venta de artesanía; CONAF proyecta, además, un nuevo centro de visitantes en el sector Ensenada. A ellos se suman el kayak y los deportes de río, y el trekking por senderos como Paso Desolación o Cerro La Picada. El parque cuenta incluso con alojamiento en su interior —el Petrohué Lodge, a orillas del lago; los hoteles de la villa Peulla; el propio Refugio Teski, y un camping de CONAF—, de modo que toda una economía local vive de este movimiento: hotelería, cabañas, restaurantes, transporte, guías de montaña, arrieros, artesanos y comercio en Ensenada, Petrohué, Puerto Varas y las localidades del entorno. La región, en total, protege hoy más de 1,8 millones de hectáreas, cerca del 37% de su superficie: una vocación de conservación que, lejos de frenar el desarrollo, se ha convertido en una de sus principales fuentes.
Un centenario que abre una nueva etapa
Un siglo tampoco está exento de tensiones. El parque nació con habitantes y predios privados en su interior y con un objetivo más turístico que conservacionista, y hoy enfrenta desafíos que sus propios gestores reconocen: la presión de la industria del turismo, las diferencias entre algunas comunidades que lo habitan y su administración, el daño de las especies introducidas y la falta de recursos para mejorar su infraestructura. En 2018, de hecho, un decreto desafectó una porción del parque en la comuna de Puerto Varas. Son debates propios de un área protegida viva, que llega a los cien años sin quedar congelada en el tiempo.
La conmemoración de los 100 años coincide con un cambio histórico que se prepara en la institucionalidad ambiental del país: la puesta en marcha del nuevo Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), dependiente del Ministerio del Medio Ambiente, que —tras 56 años de CONAF— asumirá la administración de las áreas protegidas del Estado. El traspaso, inicialmente previsto para 2026, fue postergado a marzo de 2027 tras detectarse deficiencias en la planificación del proceso —que derivaron incluso en un sumario administrativo—, de modo que por ahora el parque sigue bajo la administración de CONAF. Que el parque más antiguo de Chile cumpla su siglo justo cuando se abre esta nueva etapa es un símbolo: el país que en 1926 se atrevió a proteger sus bellezas naturales sigue, cien años después, cuidándolas para las próximas generaciones.
La semana pasada conmemoramos los cien años del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, el primer parque nacional de Chile. Puedo dar testimonio de esa ceremonia.
Senador Carlos Ignacio Kuschel, en la Comisión de Intereses Marítimos, Pesca y Acuicultura
Fuentes: Decreto Supremo N° 552 de 1926 (Ministerio de Tierras y Colonización); Corporación Nacional Forestal (CONAF) y Subsecretaría de Turismo (estadísticas SNASPE); Memoria Chilena, Biblioteca Nacional (Vicente Pérez Rosales); UNESCO (Reserva de la Biosfera Bosques Templados Lluviosos de los Andes Australes); El Heraldo Austral y Fundación Terram (tensiones del parque en su primer siglo, agosto de 2026); y el libro Toponimia (Carlos Ignacio Kuschel, 2021), contrastado con registros toponímicos independientes. Verificado el 19 de agosto de 2026.

