Antes de llamarse Puerto Montt, la ciudad fue Melipulli, «las cuatro colinas». Un recorrido por los nombres originarios que todavía guarda la capital regional, a partir del libro Toponimia del senador Carlos Ignacio Kuschel.
Todos los días, miles de personas entran y salen de Puerto Montt sin saber que la ciudad tuvo otro nombre antes de llevar el del presidente Manuel Montt. Ese nombre era Melipulli, y todavía se escucha.
En mapudungun, Melipulli significa «las cuatro colinas» —de meli, cuatro, y pülli, loma—: las cuatro lomas que se distinguen desde el mar al entrar al seno de Reloncaví, y que aún dividen la parte alta de la ciudad. Fue recién en 1853, con la fundación impulsada por el Estado y la colonización alemana de la zona, que el paraje pasó a llamarse Puerto Montt en los papeles. Pero, cuenta la historia local, la gente siguió diciéndole Melipulli por años.
El nombre antiguo no fue el único que sobrevivió. Alrededor de la ciudad, buena parte de los sectores conserva su raíz originaria, y casi siempre esa raíz describe algo muy concreto del lugar. Angelmó, hoy el corazón marisquero y turístico de la ciudad, remite —según recoge el libro— al lugar de los mariscos, justo lo que ese sector sigue siendo cada mañana. Tenglo, la isla que enfrenta al puerto más movido de la región, viene de una voz que significa «tranquilo, sosegado»: lleva, literalmente, el nombre de la calma. Y Pelluco, «agua de choros», no describe tanto un paisaje como una despensa.
Detrás de esos nombres hay un patrón que se repite a lo largo de Chile. La terminación -pulli —colina, loma— reaparece en topónimos como Panguipulli o Collipulli, y aprender a reconocerla es también una forma de leer el territorio.




Estos nombres fueron reunidos por el senador Carlos Ignacio Kuschel en su libro Toponimia, fruto de décadas recorriendo los lugares y conversando con quienes los habitan. Más que una curiosidad, son memoria viva: cada nombre del territorio guarda una historia, y conocerla es otra manera de valorar y querer la Región de Los Lagos.
Fuente: Toponimia, de Carlos Ignacio Kuschel (2021), con verificación independiente de las etimologías citadas. La de Angelmó se atribuye al libro porque existen lecturas alternativas.

